
Eran las seis de la mañana cuando tenía que levantarme para ir al Colegio Militar Leoncio Prado, el que se encuentra en el Callao. Era domingo, la temperatura rondaba los 15 grados y para los que vivimos cerca al mar, la humedad era insoportable. Eso no nos impediría ir al cubrir el encuentro entre la Academia Cantolao y Melgar por la última fecha del Torneo de Reserva.
El encuentro comenzaba a las 8 de la mañana, tomé mi carro a las 7:30 y comenzaría nuestra aventura. Llegué a la hora establecida y solo faltaba esperar a mi compañero, Sebastián Bravo, él es de piel clara, algo pálido, un poco gordito y con los cachetes rosados. Se tardó más de lo esperado, pero ahí estábamos esperando que nos dejen entrar, también había un grupo de 20 padres que ya se encontraban ahí.
Pasaban los minutos, pero no encontrábamos ninguna respuesta por parte del que vigilaba la puerta de ingreso, habían niños personas mayores y no nos permitían el ingreso. Comenzaría la lluvia, ya era algo preocupante que no nos dejen ingresar cuando el partido había arrancado. Cuando de pronto sale uno de los encargados de organizar el partido y nos informa lo siguiente: “Todos los partidos se juegan a puerta cerrada, nadie va a ingresar”.
En ese momento nos quedamos perplejos no sabíamos qué hacer, las personas reclamaban, ya que había familiares de jugadores de Melgar que habían viajado de Arequipa a Lima y no se iban a ir sin ver a sus hijos patear ese balón que tanto les ha entregado. Nos acercamos a una señora, que era la que más gritaba y tocaba la puerta, ella nos dijo que nunca le había pasado eso no sabía en qué momento prohibieron el ingreso de los padres.
Cuando ya habían transcurrido 20 minutos de iniciado el encuentro, la señora esa que tanto reclamaba, vio que al frente del colegio había una mujer que estaba tendiendo su ropa en el techo de su casa, cosa típica acá en Perú. Es ahí cuando se le ocurrió la brillante idea de decirle a la mujer que si los podía dejar entrar al techo de su casa para observar el partido.
Comenzaron a dialogar un rato, no sé qué le pudo haber dicho, pero la convenció, nos dejó entrar a todos a su casa. Ya cuando estábamos ingresando la mujer nos recibió amablemente, era una casa humilde de dos pisos, la señora estaba tomando desayuno con sus hijas, eran niñas que no pasaban de los 10 años. Ya cuando estábamos para subir al techo nos encontramos con la sorpresa de que la única manera de subir ahí era a través de una escalera de madera, que prácticamente estaba flotando.
Todos subimos con cuidado, ya ahí observamos el partido un rato, el encuentro seguía cero a cero muy áspero y con demasiadas faltas, que a largo plazo le pasaría factura a uno de los equipos. Cuando la primera parte estaba a punto de terminar, Sebastián me llama a un lado y me dice: “Tengo un tío que trabajaba acá, déjame ver si puedo decirle que nos haga ingresar”. Terminó el primer tiempo y Sebas me dice: ¡Vamos! “ya hablé con él dice que nomás digamos su nombre”.
Bajamos del techo, salimos de la casa e hicimos el recorrido que era largo, nosotros nos encontrábamos en la puerta que colinda con la Av. La Paz, mientras que la puerta principal se encontraba en la Av. Costanera. El Colegio era grande, nos tardamos casi todo el entretiempo en llegar a esa puerta, ya ahí nos recibieron 2 oficiales que estaban cuidando el ingreso.
Cuando las formalidades terminaron, Sebastián agarró y le dijo: “Perdón oficial mi tío, El señor Roberto Repetto, nos ha dicho que podíamos ingresar para observar el partido”, es cuando el técnico, le responde: ¡Qué!, “Yo no conozco a ningún Repetto, acá nadie ingresa”. Nuestro asombro fue inmenso, ya que no íbamos a poder regresar a ver el partido en el techo de la casa y peor aún nos dejaron afuera del colegio. Es cuando Sebastián, me dice: “espera voy a llamarlo, él me dijo que nos dejaran ingresar”, ya terminando la llamada, me dice que él está viniendo.
Pasaron los minutos, al partido solo le quedaban 25 minutos para acabar. Ya estamos perdidos, ni trabajo para nuestra página y mucho menos trabajo para la clase del martes. Cuando de pronto se apareció su tío en un carro plomo, creo que eran Nissan o Kia, pero eso no importaba, nos dijo que subamos al auto, que él se encargaría, habló con los técnicos y ellos nos permitieron el ingreso.
Ya adentro se vio lo magnífico que era este colegio. El Leoncio Prado, fundado en el 27 de agosto del año 1943, en honor al marino que participo en la Guerra del Pacifico. Al colegio lo caracteriza su color rojo en todas las esquinas y paredes que existen ahí adentro, solo al ingresar ya vez una estatua en honor a Prado. Su pabellón central es enorme tiene un gran parecido a una iglesia y es la única en todo el colegio que desde su construcción no ha sido modificada.
El señor Repetto nos contaría la razón por la que él puede ingresar con normalidad, y nos dijo: “En este colegio se está construyendo el primero Polígono Nacional Escolar y yo soy uno de los encargados de realizar la obra”. Ahora que es un polígono, es un lugar donde se realizan tiros, bueno nos explicó que su promoción, que es la del 69, se estaba encargando de la realización de este campo de tiro neumático (a base de aire comprimido).
Es un proyecto que se entregará en agosto, día del aniversario del colegio. Después de la clase de historia que nos dio el señor, nos dejó entrar a la cancha, solo nos quedaban 15 minutos para terminar el partido. Melgar se había puesto adelante en el marcador con gol de Saba, y segundos después de sentarnos, vendría la expulsión de uno de los jugadores de Cantolao.
Como lo dijimos antes, le paso factura a uno de los dos la pierna fuerte en este encuentro. En una contra lo terminaría liquidando Melgar y así culminaría el encuentro, nos acercamos a tratar de sacar una entrevista, pero no quisieron hablar los jugadores. Ambos equipos se fueron retirando, pero no conseguimos lo que deseábamos, el siguiente partido era uno por Copa Federación entre Alianza Lima y Cantolao, ahí fue cuando nos dimos cuenta que no todo estaba perdido.
Cuando pensábamos en irnos yo agarro y le digo a Sebastián: “Espera quizás encontremos a alguien”. Cuando iba redactando mi nota sobre el partido entre Melgar y Cantolao, fue cuando Sebastián me interrumpe y me dice: “Ese no es Jaime Duarte”. Observe bien el campo de juego y si efectivamente era él, el hombre que llego a jugar 2 Copas del Mundo (Argentina 1978 y España 1982).
Esperamos que la gente que lo estaba rodeando se aleje un poco para poder acércanos a pedir una breve entrevista. Cuando todo se fueron fue el momento clave, me sudaban las manos y mi voz un poco temblorosa, no tenía ni preguntas preparadas. En medio del campo, fue cuando le digo: “Que tal profesor, mi nombre es Daniel Huarancca, alumno de periodismo deportivo. Nos permitiría unos 5 minutos para poder realizarle una entrevista”. Amablemente nos respondió: “claro cómo no”.
Sebastián prendió su grabadora de audio y comenzamos la entrevista. Lo primero que le pregunté fue que:
- ¿Cuál fue el estado anímico como encontró al primer equipo de Alianza, cuando salió el profesor Miguel Ángel Russo?
- El equipo estaba desmotivado, solo le tratamos de devolver esa confianza que habían perdido. Hoy en día los técnicos tratan de tener más protagonismo que los propios jugadores y eso no puede ser posible, el técnico solo es una herramienta al final los que deciden son ellos.
- La siguiente pregunta fue: Con los jugadores que ha promovido, sea el caso de Mauricio Matzuda, Miguel Cornejo, etc. ¿Cree que el profesor Pablo Bengoechea los llegue a utilizar en su equipo?
- (Risas) No es por evadir tu pregunta, pero yo no sé qué es a lo que quiere jugar el Dt. Solo te puedo decir algo que siempre será cierto, a este club siempre lo han salvado sus divisiones inferiores y yo soy una muestra de eso (Jaime debuto solo a los 16 años en el primer equipo de Alianza Lima en 1973).
De esa manera culminó la entrevista, nos realizamos algunas fotos y le agradecimos los minutos brindados. De esa manera culminaría nuestra travesía, fue un premio quizás a el esfuerzo de tratar de buscar algo más de información, o también pudo ser la suerte de estar en el momento justo en el lugar indicado. Solo me queda decir que es una experiencia que no se puede olvidar.
Comments